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Contaminantes emergentes, ¿qué son y por qué son un problema?

Si tuviésemos que mencionar un desafío ambiental y sanitario de magnitud sin precedentes sin duda sería el de los contaminantes de preocupación emergente.

Su presencia y persistencia global, la falta de conocimiento y normativas regulatorias en torno a ellos y los efectos dañinos que provocan tanto en el ser humano como en los diferentes medios los convierten en la amenaza ambiental más acuciante.

¿Qué son los contaminantes emergentes?

Los contaminantes emergentes, también denominados como “contaminantes de preocupación emergente” son un grupo heterogéneo de agentes químicos y biológicos cuyos efectos preocupan de forma creciente a nivel ambiental y sanitario.

Este tipo de contaminantes no son sustancias nuevas en el sentido químico, sino que existen desde hace décadas; lo novedoso y por lo que son calificados como “emergentes” es debido a la capacidad para detectarlos, cuantificarlos y comprender sus efectos gracias a los avances en química analítica de los últimos años.

Según la definición oficial del Ministerio para la Transición Ecológica de España, los contaminantes emergentes son aquellas sustancias cuyos efectos no podían ser cuantificados hace algunos años debido a las limitaciones tecnológicas, pero que hoy pueden ser descritos al detalle gracias a técnicas de análisis más sensibles y precisas.

Aunque tradicionalmente el foco se ha puesto en el medio acuático, la presencia de estos contaminantes se ha documentado tanto en agua (superficial, subterránea y potable), como en aire atmosférico y suelo:

  • Contaminantes emergentes en agua: es el vector primario de transporte y distribución. Las aguas residuales urbanas constituyen una de las fuentes más importantes, especialmente cuando se pone de manifiesto que los sistemas convencionales de depuración en las EDAR no fueron diseñados para eliminar este tipo de compuestos. Además, el ciclo hidrológico natural favorece su transporte y dispersión.
  • Contaminantes emergentes en aire atmosférico: aunque históricamente han recibido menos atención en términos atmosféricos en comparación con el agua, la presencia de estos contaminantes en el aire es una realidad documentada. La vía aérea favorece el transporte a larga distancia, redistribuyendo estos compuestos en regiones alejadas de sus fuentes originales.
  • Contaminantes emergentes en suelo: el suelo actúa tanto como sumidero como fuente de contaminantes emergentes. La acumulación masiva de contaminantes en el suelo procedentes de vertederos, el uso de lodos de depuración como fertilizantes, la irrigación con aguas residuales tratadas o sin tratar o la deposición de material particulado transportado por aire son particularmente relevantes como vías de contaminación del medio terrestre.

¿Por qué la preocupación por estos contaminantes es una prioridad global hoy en día?

La inquietud no nace únicamente de la presencia de estas moléculas en el ambiente, sino de su comportamiento biológico. A diferencia de los contaminantes clásicos como los metales pesados, muchos contaminantes emergentes son pseudo-persistentes, es decir, que aunque su vida media es relativamente corta, su emisión continua y su uso intensivo hace que estén constantemente presentes en los ecosistemas.

Quizás el factor más preocupante sea su ubicuidad global sin precedentes, documentándose contaminantes emergentes en lugares donde jamás debería haber existido una actividad humana significativa.

La detección en la Antártida de fármacos, cosméticos y aditivos industriales demuestra que estos compuestos han alcanzado una distribución global a través de sistemas de corrientes atmosféricas y oceanográficas.

Aparición de contaminantes emergentes en la antártida

Otro aspecto que define a este tipo de contaminantes es su resistencia a la degradación ambiental. Esta persistencia se agrava por fenómenos de bioacumulación, es decir, su acumulación en los tejidos grasos de los organismos vivos, aumentando su concentración con cada eslabón de la cadena alimentaria.

Para más inri, los sistemas de tratamiento de aguas residuales fueron diseñados hace décadas con objetivos de eliminar materia orgánica fácilmente biodegradable, sólidos en suspensión y otros patógenos.

La mayoría de los contaminantes emergentes no son fácilmente biodegradables por lo que los sistemas convencionales de depuración son ineficaces. Tanto es así que las EDAR, en vez de favorecer su eliminación, actúan fundamentalmente como sistemas de transporte que liberan estos contaminantes directamente en ríos y aguas costeras.

Principales tipos de contaminantes emergentes

La diversidad de contaminantes de preocupación emergente es uno de los aspectos que más complica su gestión regulatoria. De acuerdo con diversos organismos europeos de regulación e investigadores científicos, podemos categorizarlos en:

  • Fármacos y sus metabolitos
  • Compuestos Perfluorados o PFAS
  • Disruptores endocrinos
  • Microplásticos y nanoplásticos
  • Pesticidas y productos biocidas emergentes
  • Aditivos industriales y productos de degradación

Fármacos y sus metabolitos

El impacto de los fármacos como contaminantes emergentes va más allá de la mera presencia en el medio de la molécula original.

Según estudios recientes, la mayoría de los medicamentos no son metabolizados completamente por el cuerpo humano o animal, por lo que una fracción significativa se excreta en forma de compuestos activos originales o metabolitos a través de la orina y las heces.

La peligrosidad de estas sustancias radica en su capacidad de transformación: una vez en el sistema de alcantarillado o en el medio acuático, los fármacos sufren procesos químicos que los convierten en “metabolitos secundarios”, haciéndolos más estables o incluso más tóxicos que la sustancia original.

Por ejemplo, se han detectado concentraciones alarmantes de fármacos anticancerígenos en efluentes hospitalarios, los cuales resisten a los tratamientos biológicos convencionales de las EDAR.

Algunos de los fármacos de alta detección y preocupación emergente son los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), antibióticos (culpables de modificar los genes de resistencia antibiótica en las bacterias), betabloqueantes y psicofármacos.

Fármacos como contaminates emergentes

Compuestos Perfluorados o PFAS

Los PFAS representan una categoría particular de contaminantes emergentes especialmente problemática por su persistencia ambiental prácticamente infinita, su bioacumulación y sus efectos documentados sobre salud humana.

Estos compuestos tienen enlaces carbono-flúor excepcionalmente estables que resisten todos los procesos naturales de degradación conocidos, motivo por el cual se les conoce como “químicos eternos”.

El PFOS (ácido perfluorooctano sulfónico) y el PFOA (ácido perfluorooctanoico) son los PFAS más estudiados y de mayor preocupación. Originalmente utilizados en aplicaciones industriales que van desde recubrimientos para utensilios de cocina antiadherentes hasta protección de telas y papeles contra manchas y humedad, estos compuestos han alcanzado una distribución global contaminando sistemas de agua potable en múltiples continentes.

Disruptores endocrinos

Se denominan disruptores o perturbadores endocrinos a aquellas sustancias químicas capaces de alterar la salud hormonal y las funciones endocrinas normales como el metabolismo, el crecimiento y desarrollo, el sueño o el estado de ánimo.

Uno de los perturbadores endocrinos más conocidos es el bisfenol A (BPA), presente en muchos plásticos de policarbonato y resinas epoxi utilizadas en utensilios de cocina y revestimientos de latas de alimentos.

Otros disruptores preocupantes incluyen la oxibenzona, un filtro UV presente en protectores solares, y el triclosán, un antimicrobiano presente en muchos productos de higiene personal.

Muchos de estos compuestos nunca han sido incluidos en regulaciones de control ambiental porque sus efectos sobre los sistemas hormonales no se consideraban relevantes en el diseño original de las regulaciones de contaminación convencionales.

A nivel poblacional, epidemiólogos han documentado descensos consistentes en múltiples indicadores de salud reproductiva y del desarrollo en las últimas décadas coincidentes con la comercialización masiva de contaminantes emergentes.

Microplásticos y nanoplásticos

Los microplásticos (partículas de plástico menores de 5mm) y los nanoplásticos (partículas y fibras en el rango aproximado de 1-100 nanómetros) se consideran hoy una de las categorías más preocupantes de contaminantes emergentes en agua, aire y suelo.

Su origen puede ser primario -cuando están producidos intencionadamente a tamaño micro o nano para usos cosméticos, textiles o industriales- o secundario, cuando fragmentos de plásticos mayores se degradan lentamente en el ambiente hasta alcanzar estas dimensiones microscópicas.

Microplásticos y nanoplásticos como contaminantes emergentes

En los ecosistemas terrestres, diversos estudios indican que la mayor parte del plástico global se queda en tierra: se estima que alrededor del 98.5% de los residuos plásticos permanece en entornos terrestres y solo una pequeña fracción llega al océano. Una vez incorporados al suelo, los nanoplásticos alteran la porosidad, la retención de agua y la composición de las comunidades microbianas, reduciendo la capacidad del suelo para procesar materia orgánica y afectando a la disponibilidad de nutrientes para las plantas.

En la atmósfera urbana, la evidencia reciente es especialmente inquietante: una investigación de la Academia China de Ciencias, basada en técnicas microanalíticas automatizadas, ha mostrado que las concentraciones de microplásticos y nanoplásticos en el aire de ciudades chinas son entre dos y seis órdenes de magnitud superiores a las estimadas con métodos clásicos. Las partículas flotan adheridas al polvo, se transportan con el viento y se depositan mediante la lluvia o la caída de polvo. Estos datos sugieren que estudios previos han subestimado de forma muy significativa la cantidad real de plástico en suspensión que respiran diariamente los habitantes de las grandes urbes.

En el medio acuático, todos los plásticos tienden, con el tiempo, a fragmentarse en micro y nanoplásticos que se distribuyen por la columna de agua y los sedimentos, convirtiéndose en un contaminante difuso y prácticamente imposible de recuperar.

Además de su efecto físico, los micro y nanoplásticos actúan como vectores: adsorben en su superficie PFAS, pesticidas, compuestos aromáticos persistentes, metales pesados y microorganismos patógenos de modo que una partícula plástica puede transportar todo un “cóctel” de contaminantes.

Pesticidas y productos biocidas emergentes

A diferencia de otros contaminantes emergentes, los pesticidas y biocidas no llegan al medio por accidente o desecho incontrolado: se introducen de forma deliberada en el ecosistema.

Aunque algunos ya están regulados en marcos convencionales de protección ambiental, varios compuestos específicos han emergido como preocupaciones particularmente importantes por su persistencia ambiental y su presencia global.

Su alta solubilidad en agua facilita el transporte hacia escorrentías y acuíferos y muchos pesticidas de nueva generación se degradan rápidamente en productos de transformación cuya toxicidad es desconocida.

Aditivos industriales y productos de degradación

Una categoría menos conocida pero igualmente importante de contaminantes emergentes son los aditivos industriales.

Estos compuestos son sustancias químicas que se añaden a los polímeros (plásticos), textiles o componentes electrónicos para dotarlos de propiedades específicas.

Sin embargo, estos aditivos no son estáticos, sino que migran desde los productos finales hacia el ambiente, bien sea aire, agua o suelo.

Los dos grandes grupos pertenecientes a esta categoría son:

  • Ftalatos y Bisfenoles: son los reyes en la industria del plástico puesto que aportan flexibilidad y dureza (respectivamente). El problema es que se desprenden con el simple uso, el calor o el desgaste del material, ocasionando perturbaciones hormonales.
  • Retardantes de llama: están presentes en casi toda la electrónica y mobiliario para evitar incendios. Una vez que salen del producto, son extremadamente persistentes puesto que no se destruyen, sino que viajan por el polvo doméstico y terminan en nuestros tejidos.

Regulación de contaminantes emergentes

La legislación a nivel Europeo en este ámbito se encuentra en un proceso de vigilancia y recopilación de datos que permitirá, en un futuro, fijar normas de calidad ambiental.

Como muchos contaminantes emergentes todavía se conocen poco, la UE usa lo que se denomina “Lista de observación”: un listado de sustancias sospechosas (fármacos, pesticidas, compuestos industriales…) que podrían suponer un riesgo significativo para el medio acuático o para la salud humana y que los Estados miembros deben medir durante varios años.

Esta lista se actualiza mediante decisiones de ejecución (la actual es la Decisión de Ejecución (UE) 2025/439) y sirve para decidir, con datos reales, qué sustancias pasarán más adelante a ser “prioritarias” y tendrán límites obligatorios en la legislación europea.

España aplica estas reglas europeas mediante reales decretos y programas de seguimiento. El Real Decreto 3/2023 transpone la Directiva de agua de consumo humano e introduce una lista de contaminantes emergentes a vigilar en agua potable, aunque todavía no tengan un valor límite obligatorio.

El MITECO ha puesto en marcha un Programa de Seguimiento de la Lista de Observación con puntos de muestreo en EDAR, aguas superficiales y captaciones de agua potable para medir estas sustancias y enviar los resultados a Bruselas.

En resumen: Europa define el marco y la lista de sustancias a vigilar y España adapta esa normativa, mide en sus ríos, depuradoras, redes de agua potable y con esos datos se decidirá qué contaminantes emergentes acabarán teniendo límites legales estrictos en los próximos años.

Conclusión

Los contaminantes emergentes se han convertido en uno de los grandes puntos ciegos de la gestión ambiental moderna. La ciencia es clara: la presencia de estas sustancias en medios tan diversos como el agua de consumo, el aire urbano, el suelo o el tejido adiposo de la fauna no es un fenómeno aislado, sino una consecuencia sistémica de nuestro modelo de producción y consumo.

Aunque hablamos de sustancias muy distintas (fármacos, PFAS, disruptores endocrinos, micro y nanoplásticos…) todas comparten rasgos inquietantes: son persistentes, viajan lejos de su fuente, se mezclan entre sí y pueden producir efectos crónicos sobre la salud humana y los ecosistemas incluso a concentraciones muy bajas.

Por este motivo la respuesta no puede ser únicamente reactiva, es necesario disminuir la brecha entre la innovación química y nuestra capacidad de monitorización para controlar y minimizar la exposición a estos contaminantes.

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